martes, 30 de junio de 2009

Práctica 1-Texto 3

Esta segunda carta no podría menos que provocar la pregunta: ¿Y qué es lo que tienen los aardvaks de especial? Una buena pregunta. Una pregunta a la que tendríamos que dar respuesta satisfactoria antes de tomar en serio la carta. Lo que sugiero, sin embargo, es que la primera carta no provocaría, en la mayor de la gente, una pregunta equivalente: ¿Y qué es lo que tienen los seres humanos de especial? Tal como acabo de decir, no es que yo niegue que esta pregunta, como la referente a los aarvaks, tiene una poderosa respuesta. Todo lo que critico es el fallo irreflexivo que, en el caso de los humanos, impide darse cuenta de que la pregunta ni siquiera se suscita.
El supuesto especista que esto encierra es muy sencillo. Los seres humanos son humanos, y los gorilas son animales. Se abre un profundo golfo entre unos y otros, de modo tal que la vida de un solo niño tiene mayor valor que la vida de todos los gorilas del mundo. El “valor” de la vida de un animal no es más que el del costo de su sustitución para el propietario. O, en el caso de una especia rara para la humanidad. Pero póngasele la etiqueta homo sapiens, incluso al más diminuto e insensible trocito de tejido embrionario, y su vida salta de repente hasta alcanzar un valor infinito, imponderable.

Práctica 1-Texto 2

¿Qué es el infantilismo? No sólo la necesidad de protección, legítima en sí, sino la transferencia al seno de la edad adulta de los atributos y de los privilegios del niño. Puesto que éste es en Occidente desde hace un siglo nuestro nuevo ídolo, nuestro pequeño dios doméstico, aquel al que todo le está permitido sin contrapartida, conforma – por lo menos, en nuestra fantasía – ese modelo de humanidad que nos gustaría reproducir en todas las etapas de la vida. Así pues, el infantilismo combina una exigencia de seguridad con una avidez sin límites, manifiesta el deseo de ser sustentado sin verse sometido a la más mínima obligación. Si se impone con tanta fuerza, si tiñe el conjunto de nuestras vidas con su tonalidad particular, es porque dispone en nuestras sociedades de dos aliados objetivos que lo alimentan y lo segregan continuamente, el consumismo y la diversión, fundamentados ambos sobre el principio de la sorpresa permanente y de la satisfacción ilimitada. El lema de esta “infantofilia” (que no hay que confundir con una preocupación real por la infancia) podría resumirse en esta fórmula: ¡No renunciarás a nada!

Práctica 1: Tipo de palabras. Encuentra tres ejemplos de sustantivos, verbos, adjetivos, adverbios (o frases adverbiales), conjunciones y verboides

Se ha creído, durante un siglo o más (desde las tesis de Hughlings-Jackson en la década de 1970), que el hemisferio izquierdo del cerebro está especializado en tareas analíticas, sobre todo, en el análisis léxico y gramatical que hace posible la comprensión del lenguaje hablado. Al hemisferio derecho se le han atribuido funciones complementarias, considerándolo especializado en totalidades más que en partes, en percepciones sincrónicas más que en análisis secuenciales, y se le ha relacionado, sobre todo, con el mundo visual y espacial. Es evidente que los lenguajes de señas desbordan unos límites tan estrictos, pues su estructura es léxica y gramatical, pero también sincrónica y espacial. Debido a ello, no se sabía con certeza, ni siquiera hace una década, si el lenguaje de señas se hallaba emplazado en el cerebro unilateralmente (como el habla) o bilateralmente; en qué lado estaría en caso de unilateralidad; si podía quedar afectada la sintaxis independientemente del vocabulario en caso de una afasia de la seña, y lo más intrigante: si en los sordos que hablan por señas tenía una base neural diferente (y en teoría, más fuerte) la organización espacial, sobre todo en el sentido espacial, debido a que en la seña se hallan entremezcladas las relaciones espaciales y las gramaticales.